viernes, 24 de octubre de 2014

Llewin Devis tiene el gato


Sales a la calle y sientes el aire denso del día. Los bolsillos ligeros. El dinero es una ilusión más en tu vida. Este camino de la libertad y los sueños que se persiguen, a veces, suele ser así, lleno de curvas violentas que terminan por llevarte al único rincón que te pertenece: tú mismo. Y recorres las calles intentando hallar esas opciones- como pedazos de maná- que te manden de una, catapultado, a una suerte de éxito más o menos estable.

Entonces piensas en el éxito. Ese lugar extraño al que pocos llegan. Éxito como una suerte de paraíso prohibido al que solo acceden algunos con credencial especial. Los que realmente lo lucharon, los que lo merecen. ¿Y tú? Tú solo tienes los bolsillos vacíos. Esos papelitos en la cartera en los  que anotas direcciones, números de teléfono de contactos, fechas importantes que luego nada, quedan ahí, doblados, desgastados por el tiempo, gritándote que tu vida podría rearmarse  a partir de cualquiera de ellos y aún así seguiría estando incompleta.



Te rodea la incertidumbre. Esa sensación de tener todos los elementos en contra. Llevar a cuestas las luchas constantes que supone el sueño de quien aún no se reconoce un fracasado. Eso, aceptando lo que todos nos dicen que es el fracaso. Y justamente el fracaso viene pareciéndose a nosotros. A ti. Así como Llewin Devis que recorre las calles con el gato en brazos, su guitarra y el bolso con toda sus pertenecías.  Buscando su momento.

Intenta ser solista, pero algo le falta. Parece que no convence a la gente. Lo escuchan y lo hace bien. Pero algo falta. Tenía un compañero, supongo que igual de convencido de su talento, pero ese decidió suicidarse. Ahora Llewin anda por la vida buscando una oportunidad, renegando de las migajas que le ofrecen, andando una vida llena de excesos, o de demasiadas improvisaciones. ¿Y quién no se ha sentido así?, como en medio de la nada. Caminando sin tener muy claro el rumbo, descubriendo después de varios años que tienes un hijo por ahí, que ella no lo había abortado.

Y tienes que rearmarte. Recoger esos fragmentos del otro tú, ese que corresponde con la idea de los otros, y empezar a darle sentido a tu vida en algún momento. Dejar atrás esa idea de que los sueños son posibles, aterrizar para descubrir que el mundo es como una película, pero sin premios ni actuaciones destacables. O por el contrario, mandar todo a la mierda.  Decidir que el fracaso también tiene sus ventajas. Que esto de vivir sin más expectativas que el ahora, es como estar todo el tiempo al límite. Y que en ese estado, la vida adquiere otras dimensiones. El camino sigue siendo escabroso. Pero así como Llewin Davis tiene al gato y sus pertenencias al hombro, es posible existir.

Sales a la calle y sientes el aire denso del  día. Los bolsillos ligeros. Tienes hambre. El dinero y la comida se resisten a ser una constante en tu vida. Se transforman más bien en una suerte de idea distante. Este camino a la libertad y los sueños está lleno de curvas violentas. El maná cae en otros espacios que no constituyen tu geografía. Este es el éxito, el pedazo que te corresponde de él.


Por: Márquez.

2 comentarios:

raul padron dijo...

Hola, no soy un Robot.

Yo soy un miembro reluctante de la generación Y, y siento que muchos nos reflejamos en lo que dices. He llegado a creer que el fracaso es también un tipo de éxito malinterpretado, algo tiene de métodico, de laborioso, de poético y de próspero el saber fracasar de forma continuada sin rendirse. Pero en tu caso, siendo joven, inteligente y talentoso, sé que hay otros tipos de éxito reservados para tí.

Yolanda Castaño dijo...

Me gusta esa reflexión, comparto mucho tu pensamiento, creo que debemos seguir luchando y guerreandola a punta de ganas y talento.